GRANADA 22, EL AÑO UNO DEL FLAMENCO COMO ALMA NACIONAL VANGUARDISTA

 

Falla y Lorca: flamenco reivindicado como alma nacional; estilizado por alejamiento de lo real; redimido por la sangre mistérica.

 

Génesis García. 2020

Granada 22. Manuel de Falla y Federico García Lorca

Manuel de Falla y Federico García Lorca. Francisco Izquierdo. Fundación Caja Granada.

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El flamenco como alma nacional. El activismo jondo de Falla y Lorca para reivindicar el flamenco frente a krausistas y folkloristas antiflamenquistas*

García Lorca, Manuel de Falla y La Argentinita: una amistad de consecuencias jondas.

* El cante flamenco como tesoro musical hispano...

había sido descubierto por Falla en el París del Nacionalismo, el impresionismo y el expresionismo musical, donde, impulsado por Debussy, había empezado el vendaval vanguardista que aventaría las cenizas prostibularias del flamenco y avivaría la llama del cante jondo.

Falla, quien ya había estrenado pues El amor brujo y El sombrero de tres picos, y el músico-poeta García Lorca, quien ya había publicado poesía y descubierto a Glinka y Debussy y el nacionalismo y el impresionismo musical, se conocieron en Granada, en 1019. Falla se convierte en el ídolo: de  Lorca: «Falla es un santo, un místico. Yo no venero a nadie como a Falla». Y la amistad de ambos se fundió con la de Encarnación López Júlvez, «La Argentinita», quien, después de las versiones para Pastora Imperio y  de Antonia Mercé «La Argentina», había estrenado su versión de El amor brujo en Cádiz y en Madrid.

Era el Lorca joven, poeta músico en quien convergía toda la corriente del wolksgeist de marca blanca alemana, el alma nacional de un pueblo depositada en su poesía popular y en sus canciones populares antiguas. Acompañada al piano por García Lorca, La Argentinita grabaría las desde entonces célebres “Canciones españolas”: Zorongo Gitano, Anda Jaleo, Sevillanas Del Siglo XVIII, Los Cuatro Muleros, Nana De Sevilla, Romance Pascual Los Pelegrinitos, En El Café De Chinitas, Las Morillas De Jaén, Romance De Los Mozos De Monleón, Las Tres Hojas, Sones De Asturias, Aires De Castilla. Canciones que en mil versiones han sido aflamencadas por Carmen Linares, Lole y Manuel, etc, etc.

Las canciones habían sido armonizadas por un Lorca imbuido desde la sangre por el amor al folklore popular y en quien convergía toda la corriente del wolksgeist de marca blanca alemana, krausista en España, que preconizaba que el alma nacional de un pueblo estaba depositada en su poesía popular y en sus canciones populares antiguas.

La diferencia rotunda y fundamental respecto a todos los krausistas y folkloristas españoles, es que Lorca y Falla, precedidos por la excepción de Machado y Álvarez, incluyeron el flamenco, despreciado hasta entonces, entre las manifestaciones del alma nacional española. En Tema 6º El flamenco en la batalla por el alma nacional «en flamenco»

Granada, 1922. Concurso de cante jondo para la reivindicación patriótica del flamenco como alma nacional**

Seis meses para mutar el flamenco en jondo ante la sociedad española. El concurso se convoca con un objetivo: defender el milenario cante flamenco como alma nacional. Para ello había que limpiar el flamenco:

–De la degeneración musical vocal, operística y fandanguillera

-De la degeneración tabernaria social.

Para ello, Falla y Lorca formularon por escrito la naturaleza del cante jondo puro, limpio de operismo y de flamenquismo

CONFERENCIA: Granada 1922. El año uno del cante jondo. Génesis García Gómez

** La iniciativa del Centro Artístico de Granada,...

al que pertenecía Falla, para celebrar un concurso de cante jondo a fin de rescatar el «canto primitivo andaluz» contó con la colaboración de prestigiosos intelectuales y artistas y el apoyo institucional del Ayuntamiento de Granada. A Falla se le unieron Miguel Cerón, Federico García Lorca, Hermenegildo Lanz y otros miembros de la «tertulia del Rinconcillo». El Concurso se celebró en 1922,  el año uno del cante jondo, el 13 y 14 de junio en la Plaza de los Aljibes de la Alhambra, bajo «la luna y la lluvia”.

Y fue precisamente para hacer llegar esta idea a los españoles liberales patriotas, que venían de serie antiflamenquistas, para lo que organizaron el Concurso de Granada y escribieron por primera vez para reivindicar el flamenco como legítima y primera manifestación ancestral del alma nacional española. Manuel de Falla escribió “El cante jondo. Canto primitivo andaluz. Sus orígenes, sus valores musicales, su influencia en el arte musical europeo.” Y Federico García Lorca conferenciaba y gestionaba sobre las bases de la “Importancia histórica y artística del primitivo canto andaluz llamado cante jondo”.  Manuel de Falla se ocupó de que se grabara el Concurso y gestionó su publicación sonora. Sin ese trabajo metódico suyo no contaríamos a buen seguro con esos documentos sonoros. Desengañado por todo el trajín y rivalidades que aquella actividad de participación y gestión del Concurso supuso, Falla se retiró del mundo del flamenco: no era su mundo. Pero su labor ya estaba hecha: junto a García Lorca, había salvado el flamenco para el futuro al legitimarlo como alma nacional española.

En busca de la pureza: vestirse de Zuloaga como en 1840 y huir de los profesionales.

Y en el repertorio, sólo cante jondo: el patrón siguiriya como unidad de medida de la jondura.

«Queremos purificar y hacer revivir ese admirable cante jondo, que no hay que confundir con el cante flamenco, degeneración y casi caricatura de aquel», declaraba por entonces Manuel de Falla.

Por ello, los participantes podían inscribirse en calidad de cantaor o tocaor y tenían derecho a presentarse en las siguientes secciones: seguiriyas gitanas; serranas, polos cañas y soleares; y martinetes-carceleras, tonás, livianas y saetas viejas.

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Flamenco estilizado por alejamiento de lo real. El alma nacional lorquiana en una andalucía universal, sin paisaje, sin andalucismos, sin gitanismos ni flamenquismos

1928, García Lorca: El Romancero Gitano.

Críticas por gitanista. García Lorca se defiende:
«mi romancero es andaluz universal, sin paisaje andalucista»*

Arder en llama viva, no aventar prostibularias cenizas modernistas

«La Parrala»**
«Romance de la pena negra»

* La poética universal jonda por alejamiento de lo real.

Por su parte, Lorca, ante las críticas a su Romancero por andalucista y gitanista, quiso recordar que él era un romántico trágico, lleno de pasión, pero que su libro era antigitanista y antipintoresquista, porque él sitúa Andalucía mucho más allá del geranio, la pandereta y los faralaes, en un mundo que clamaba de suprarealidad universal:

“Un libro donde apenas está expresada la Andalucía que se ve, pero donde está temblando la que no se ve… Un libro antipintoresco, antifolklórico, antiflamenco. Donde no hay ni una chaquetilla corta ni un traje de torero, ni un sombrero plano ni una pandereta…”

Atemporalidad, memoria ancestral o sueños alucinados en Antoñito el Camborio, quien deja de ser el gitano granadino que vive entre mimbres y tijeras, canastas y borricos porque Lorca lo hace mito:

Antonio, ¿quién eres tú?
Si te llamaras Camborio
hubieras hecho una fuente
de sangre, con cinco chorros.
¡Se acabaron los gitanos
que iban por el monte solos!
Están los viejos cuchillos
tiritando bajo el polvo.

** Comparar realismo de Manuel Machado y simbolismo de García Lorca

El erotismo romántico-modernista, siempre realista, da paso en Lorca a la belleza atemporal de mujeres portadoras de esencias de lo universal. En Lorca no hay romanticismo llorón o feminoide, ni picardias sensuales y cachucheras, ni  modernismo marginal, canalla y decadente, tan bien reflejado en la poesía flamenca de Manuel Machado, cuando cantaba, pegado a la realidad del burdel modernista:

Yo, poeta decadente,
español del siglo veinte
que a los toros he elogiado, y cantado
las golfas y el aguardiente.
De un cantar canalla
tengo el alma llena…
De un cantar que dice
mentiras perversas…
De pálidas caras de labios pintados
y enormes ojeras..
De un cantar gitano
que dice las rejas
de los calabozos
y los ayes lúgubres
de las malagueñas…
M- Machado

García Lorca escupe de sí este realismo patético y lo universaliza como tragedia surrealista, en un tablao suprareal y simbólico donde el baile de La Parrala se cita con la muerte:

Lámparas de cristal
y espejos verdes.
En el tablado oscuro
La Parrala sostiene
una conversación
con la muerte.
La llama,
no viene
y la vuelve a llamar.
Las gentes
aspiran los sollozos,
y en los espejos verdes
largas colas de seda
se mueven.

En Lorca no hay ojeras, ni tuberculosis, ni desmayos amorosos ni prostíbulos ni bohemia ebria de vino malo. No hay realismo, sino surrealismo, que el mismo flamenco, con su arte jondo y esencial, le proporcionaba a manos llenas: “Hace años, en un concurso de baile de Jerez de la Frontera, se llevó el premio una vieja de ochenta años contra hermosas mujeres y muchachas con la cintura de agua… ganó aquel duende moribundo que arrastraba por el suelo sus alas de cuchillos oxidados”

En cierta ocasión, el poeta se negó a leer su Romance de la casada infiel por considerarlo concreto, halagador de sensualidades, desesperadamente popular:

Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.

Lorca, por el contrario, amaba la simbólica evasión de lo real de Soledad Montoya, la Pena Negra que lucha entre contrarios, entre la inteligencia y el misterio que se le escapa y no puede comprender:

¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pensa tan lastimosa!..
….Corro mi casa
como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba…
¡Ay, mis camisas de hilo!
¡Ay, mis muslos de amapola!
Soledad, lava tu cuerpo
con agua de las alondra
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya.

Foto 1 - Estética y escenografías alejadas del realismo cosumbrista.

En su tarea de ennoblecer el flamenco, tanto Falla en sus obras musicales como García Lorca en su obra literaria recurrieron a la técnica artística de alejamiento de lo real, enmarcando el arte jondo en un retablo mítico y atemporal, alejado de escenografías realistas, del casticismo y del costumbrismo, de la vida flamenca y del flamenquismo, del espectáculo de la Andalucía turística de la vida gitana, flamenca y de pandereta. Lorca buscaría la autenticidad en el Tartessos milenario que les había revelado Adolf Schulten, el hispanista, historiador y arqueólogo alemán que mostró Andalucía como el pueblo más viejo del Mediterráneo, anterior al mundo griego y al romano.

Foto 2 - Francisco Moreno Galván, flamenco sin paisaje en «La Puebla, blanca y pura»

«En el rincón adecuado del escenario… un panel inmaculado de cal… unos faroles discretos y un escándalo de candelabro marginal que dan luz a los martinetes… en la noche azul del campo… las sillas estilizadas contrastan su negritud con la blancura sobre la que se proyectan las sombras del cante y la guitarra. No necesita más la copla jonda…» (Agustín Gómez)

Por la fuerza de aquella estética depurada en jondo que, desde finales de los 60 se impuso imponente de simplicidad Moreno Galván, artífice de la Reunión de Cante Jondo de La Puebla de Cazalla, con la única decoración del magnífico “Racimo de faroles” brillando negro sobre el blanco de la pared impoluta. Esencialismo estético que tendría futuro en la película Flamencos, de Carlos Saura, cuya meta escenográfica fue la recuperación de la esencia de lo jondo.

Foto 3 - Flamencos Saura-Storaro

La recuperación de la estética jonda y del flamenco esencial ha tomado cuerpo, con éxito apoteósico, en las pantallas cinematográficas. Unos cuarenta años después del éxito de Duende y misterio del flamenco, de Edgar Neville,  se estrena, en 1995, Flamencos, película dirigida por Carlos Saura. El comparar ambas películas y ver su diferente concepción de la «puesta en escena» del arte flamenco es altamente significativo para comprender que la revolución cultural jonda no ha pasado en vano:

«Desde un principio tuvimos claro que el flamenco tiene un carácter serio en el que no caben frivolidades, sólo vitalidad y sensibilidad», declara el asesor musical, Isidro Muñoz.

Y Manolo Sanlúcar afirma: «Estoy totalmente de acuerdo en no poner ni una maceta, en limpiar el flamenco de abalorios. El flamenco se expresa por sí solo, con su música y su poesía. No hay que acudir a la clave del folklorismo. El flamenco es el resultado de vivencias y sensaciones personales de cada uno, el producto de un espíritu muy profundo. La música es dura… porque es el único género artístico que maneja la pureza y la tradición: está claro que mucha gente presiente la autenticidad del flamenco, ese algo que lleva en su interior y que todavía está por descubrir».

En esas palabras está toda la herencia de la cultura jonda que ha hecho posible que las mil caras del flamenco de esta película vuelvan su mirada al flamenco esencial, estilizado, no costumbrista. Ni un elemento folklórico tradicional, sino un universo simbólico a base de luz y paneles, frialdad provocada para que contraste con la fuerza desnuda del flamenco.

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Flamenco redimido por la sangre ritual y mistérica. García Lorca, el redentor del arte jondo en su Teoría y juego del duende.

Pasado ya el Concurso, la reivindicación del flamenco como alma nacional y su estilización universal por alejamiento de lo real costumbrista, fue el último García Lorca quien, más allá de la reivindicación y la estilización, llevó el flamenco hasta el retablo universal de la tragedia dionisíaca. A la redención por la sangre derramada. Para ello contó con los ritos táuricos cretotartesios de la Andalucía milenaria de los bueyes de Gerión que Schulten le había revelado. La siguiriya tauróctona: un desgarro vocal que se sigue del «grito pelao del animal degollado»

CONFERENCIA: «García Lorca, el redentor por la sangre» y «Tartessos: la tierra, la diosa, el toro y la luna». Génesis García Gómez

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La cultura jonda permitió hablar, escribir, dar forma, comprensión y expresión universal al flamenco.

Al sacar el flamenco de su malditismo social y musical, la cultura jonda, cruzada de músico y poeta, representa no ya el alma española nacional, sino el genio de Andalucía universal.

Ya que sólo la metáfora permite al poeta «asomarse al filo del abismo ante el cual el filósofo y el matemático vuelven la espalda al silencio» (Federico García Lorca).

Y escribir «lo que no cabe en el papel» (Eugenio Noel) y «lo que no está en los escritos» (Génesis García).

Y, entre los años 60-90, producir un renacimiento y dos revoluciones para la nueva cultura jonda. Con el antifolklorismo en vena y el compromiso por bandera.